4 de julio de 2007

Pornografía vs. Libertad de Expresión: MacKinnon vs. Pamela Anderson: primer round

Antes de comenzar hacemos un repaso por la historia de esta discusión: en los Estados Unidos, en la década del ‘70, la irrupción de la corriente feminista radical obliga a la sociedad norteamericana a hablar sobre temas que parecía no tener en cuenta. Bajo el lema “lo privado es público”, las feministas de la “segunda ola” instalan -tanto en la esfera académica como en la judicial, el debate, a cerca de la discriminación y de la dominación ocultas en el ámbito privado. El cuerpo de la mujer es el nuevo centro de la discusión, considerándolo como la fuerza de trabajo que queda en manos de los propietarios. Una de las primeras consecuencias es que un hábito social aceptado por la comunidad, aparece fuertemente criticado: el hábito social de la pornografía.
Se le asigna a la pornografía un carácter político, se plantea no sólo los daños ocasionados a las víctimas de la actividad misma sino a todo el grupo de mujeres. Las principales exponentes de esta teoría son Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin.
El conflicto entre el derecho a la igualdad y a la libertad de expresión se empieza a hacer evidente, debatiéndose si la pornografía debe ser amparada o no por la libertad de expresión.

En adelante esbozaremos los argumentos que nos parecieron mas relevantes para llevar a cabo la discusión:
1. Libertad vs. Igualdad: El conflicto de estos derechos ha generado posiciones contrarias, por un lado se ubican aquellos/as que privilegian el derecho a la igualdad y por otro para quienes prevalece la libertad de expresión.
Entre las que sostienen la preeminencia del primero, encontramos a las feministas radicales. Según esta corriente es en la raíz de la pornografía donde encontramos la base de la desigualdad de género. Ésta, denigra el valor y la dignidad de las mujeres que participan en la actividad y de todo el grupo, pues actúa como un eco, sus efectos recaen sobre todas las mujeres. Es la esencia misma de un orden social sexista; es su acto social por excelencia y es a través de ella que se instaura la supremacía y condena a la desigualdad de géneros.
Del otro lado, entre aquellos/as que privilegian la libertad de expresión se encuentran quienes niegan o no advierten esta desigualdad y los/as que si bien la detectan creen que es sumamente peligroso permitir que el Estado tenga el poder de regular la libertad de expresión.
2. Libertad de expresión como valor y contra valor
Este argumento gira en torno a cómo influye en la construcción de la democracia deliberativa la protección de la pornografía bajo el aura de la libertad de expresión.
Una primera idea de libertad, a la que llamaremos clásica, supone que “yo soy libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieran en mi actividad”. Ésta requiere de un Estado pasivo que no interfiera en la libertad de los/as ciudadanos/as pero a la vez guardián de las interferencias de terceros/as en la misma.
En conclusión para las concepciones clásicas, el Estado debe ser pasivo y resistirse a intervenir en el debate. La intromisión es un peligro en sí mismo, pues se le otorga la facultad de regular y acallar. Su única y excluyente función es permitir el libre tráfico de ideas.
Por otro lado, para la concepción democrática de la libertad de expresión, la concreción del ideal de la democracia deliberativa se requiere de un Estado activo que se embarque en la promoción de un robusto mercado de ideas por el cual se aumentará el valor epistémico de la ciudadanía para la toma de decisiones. En este sentido, el Estado debe tomar medidas apropiadas para asegurar este derecho, como por ejemplo: limitar la cantidad de personas del mismo sexo en una lista electoral, proveer medios de expresión a grupos que no tienen acceso, proteger la seguridad de un orador en escenarios adversos e incluso en algunos casos, como en la pornografía, funcionar como un moderador del debate, y en esta función silenciar legítimamente discursos que tienen un “efecto silenciador” para aquellos grupos desaventajados.


En la Argentina, sin embargo, aún no se ha dado un serio debate que involucre a todos/as los/as actores/as sociales en torno a este tema. Las causas pueden ser diversas: la primera, que, como sociedad, no estemos dispuestos a reconocer en la discriminación de género una clara violación a los Derechos Humanos. La segunda, el poco recorrido desde la recuperación de la democracia y, junto a ella, la libertad de expresión, “carta de triunfo” que no estamos dispuestos a discutir ni a ceder, pues cualquier crítica o límite puede, acaso, según ciertas suposiciones entorpecer la construcción de las insipientes instituciones democráticas. La tercera, podría ser el recelo a la intervención de un Estado paternalista o perfeccionista en las esferas privadas delimitando lo qué es bueno o correcto. Y por último que debido a los problemas sanitarios y socioeconómicos que enfrenta Argentina, las agendas de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan cuestiones de género se han centrado especialmente en aspectos relativos a los derechos sexuales y reproductivos.

11 comentarios:

Ulrich dijo...

Los argumentos de Andrea Dworkin, que es la única de la que conozco algo, me parecen débiles y con ciertas presuposiciones incorrectas.

La pornografía no es causa de la desigualdad del hombre y la mujer. Esto es obvio, pero la agenda hiper ideologizada de las feministas radicales (aclaro: radicales) no toma en cuenta las convicciones de la mayoría. De alguna manera, buscan imponer a la mayoría de las mujeres una concepción de sometimiento de la que ellas son conscientes por su carácter de iluminadas.

En resumen, no me parecen relevantes sus argumentos para un debate serio al respecto.

Sí creo que la pornografía es, como la publicidad u otros discursos, una forma inferior de expresión, que no merece la misma protección que el discurso general. Pero no por eso debe ser prohibida, sino solamente regulada. Por eso se restringen los medios de su propagación, los horarios de su exhibición, etc.

Es cierto que la pornografía en general disminuye a la mujer, y hasta cierto punto la cosifica. Pero tampoco puede imputarse a la mayoría de la sociedad que su opción por tolerarla es un mecanismo intrínsecamente nefasto.

No fui claro, pido disculpas.

Castel dijo...

Ulrich,
Respecto a tu primera idea sobre "las iluminadas": decís lo mismo de los marxistas? usan el mismo discurso. Las feministas toman la idea de "falsa conciencia" de esa teoría y la replican.
Por otra parte, creo que sus argumentos son fuertes como para descartarlo de llano sin antes demostrar que la pornografía no denigra a las mujeres.
Ellas dirían: "quién escucha (y respeta)a una mujer que tiene un pene en la boca"

Nadie culpa a la sociedad de mirarla, eso es un asunto moral y cada uno puede si quiere mirarla sin juicios de nadie, lo que me parece interesante discutir es si el Estado puede regularla o no. Lo mismo con las publicidades discriminatorias. ¿Aceptaríamos una publicidad que denigre a los negros?
Por último, con los horarios estamos protegiendo a los/as menores pero la idea es proteger la igualdad y la libertad de las mujeres.
Aclaro, que no supongo la construcción de un Estado al mejor estilo de Orwell en 1984.

Dupin dijo...

Sólo una cosa: es cierto lo q dice Ulrich: el paternalismo es un elemento característico de este tipo de discurso, como lo es -al preguntarlo Castel- el discurso marxista. Esto, claro, no implica NECESARIAMENTE q sea disvalioso, pero sí implica q estemos mas atentos a los límites de este tipo de construcción.
Ulrich, creo q, como dice, Castel, el punto no es la prohibición sino si el Estado debe regularlo, y si debe, con qué límites.
Creo q gente como Castel, tiene la carga de demostrar -de manera mas sólida q meramente retórica- xq la pornografía produce un "efecto silenciador".

paula dijo...

La regulación del estado me parece -en el actual modo de la demogracia- necesaria. Pero es tan fina la delgada linea...
La pregunta creo q viene mas por el lado ¨en si¨ de la cosa; Qué pasaria si se alcanza una regulacion q mejore las condiciones de la ind. pornogràfica, de higiene y paga, ¿sería indigna la pornografia? Me inclino a pensar que no. Algunxs dicen q en 1 mundo mas bello y justo, la pornografia acaso no existiría. ahi digo; ni idea. Pero actualmente, la victimización de una actriz porno (o de una prostituta incluso, y en dif grado) termina funcionando como negacion de la eleccion femenina.
La preg filosofica por el grado de libertad de toda eleccion es infinita, y en un punto, esa retórica (¿existencialista?) conduce a negar el valor de TODA decision humana. Lo digo porque sí creo que todo esta determinado por el capitalismo patriarcal, q la publicidad y la television son un desastre, pero ¿por qué no ha de respetarse a una mujer con un pene en la boca?

set ochentoso dijo...

http://www.girlswholikeporno.com/

Anónimo dijo...

Primero felicitarlos por su espacio! muy bueno. sospecho que hay una extraña relaciòn entre el caso patti y la pornografìa.... ........... ...........

Ahora... el punto de Ulrich del caracter "revelacionista" de Mackinnon-(A)Dworkin es fuerte.

Sin embargo creo que algo puede sacarse en lipio de la idea de-falsa/verdadera- conciencia. Me parece que es bastante dificil pensarse a uno mismo (y al estado) como liberado de algo asì como una superestructura ("Bounders of judge " para los esquisitos rawlsinos) que determina nuestras percepciones, valoraciones, etc que nos permita luego regular nuetralmente el "mercado de ideas". allì donde pongamos los alambiques de lo censurable o regulable, lo haremos (o lo hara el estado) atados a nuestras particulares visiones de las cosas tomando partido por aquellas que se adaptan a nuestras valoraciones.

La idea esta de Fiss (que tanto a pegado, por varias razones, en los circulos intelectuales de Argentina)de acallar determinadas voces para que otras se escuchen parece al menos chocar con los presupuesto de un estado liberal nuetral. El estado determinarà inneutralmente cuales son lo discursos silenciadores, quienes son los desaventajados, de acuerdo a su particular visiòn de las cosas.

Esta idea del "Estado amigo" (con la que liquida su "...ironìa de la libertad de expresiòn" es maniqueamente ridicula. Cada estado toma partido de determinados discursos que no afectan lo que consideran (o lo que los jueces consideràn...mmmmucho peor) valores nucleares de su comunidad. Asì para un islamista es ofensivo que se burlen de Ala, para un gringo es ofensivo que se publiquen planes del pentagono. Trazamos lineas todo el tiempo y es imposible no hacerlo.

Por ello finalmente me parece dificil la carga de la prueba que Dupin arroja a los feministas (Igual razonamiento tuvo el juez Post en "American BookSeller"). Me resulta dificil mensurar cuanto jode a los demàs un discurso y cuanto beneficios sacamos de los discurso dominantes.
publius
p.d.: màs fish y menos fiss!!!
p.d.2: sobre el tema Patti hay un articulito en la ùltima revista de palermo de un tal Orlando. seguramente a dupin le gustarà.

Anónimo dijo...

aquellas/os; las/los

Anónimo dijo...

click en "siguiente blog" en su pagina principal para mayor compresion del tema

castel dijo...

qué????

Daniel dijo...

Como dijo sor juana ines de la cruz todos se creen verdugos y jueces y nadie quiere que le digan que hacer o que ver o que no, pero no creo que a nadie de los que escriban aca le gustaria ver a su madre, hija o novia haciendo pornografía.

ABovino dijo...

Ulrich:

no entiendo eso de que la pornografía y la publicidad sean formas inferiores de expresión que no merecen la misma protección que el discurso general.

Más precisamente, no entiendo:

1. El hecho de que ambas puedan ser reguladas por distintos motivos no las hace inferiores ni dignas de menor protección.

2. Aun compartiendo tu punto de vista, equiparar la pornografía con la publicidad es como comparar peras con manzanas, no veo qué tienen en común.

Estamos escribiendo un trabajo sobre libertad de expresión comercial con Diego Goldman y agradeceríamos cualquier información sobre el tema.

Saludos,

ABovino